18 sept 2011

La extraña experiencia de Germán

En la primera noche de su extraña experiencia, estando Germán en su habitación, encendió la radio y buscó el 120.1 del dial para sintonizar el programa Ilusión real. El reloj digital marcaba la 1:45 am por lo tanto el programa estaría por comenzar. Se acomodó relajadamente en su cama para escuchar con atención. La transmisión arrancó puntualmente. Un misterioso y magnético relato dado por la voz de un locutor, hizo que Germán se sintiera transportado a otra dimensión y la habitación poco a poco fuera perdiendo el sentido del espacio y el tiempo. Después de un largo rato de escuchar al locutor, miró hacia el aparato de radio y vio la hora: continuaba fija en 1:45 am. De pronto, una figura incorpórea, como si fuera un denso espíritu, salió del emisor, atravesó la habitación y se dirigió hacia el sillón ubicado frente a la cama de Germán, fue tomando forma y su aspecto vino a ser el de un hombre sonriente, muy bien vestido y de apariencia cultural. Extrañamente Germán no sentía temor, tal vez porque no estaba seguro de estar despierto o soñando. El ser, que se había acomodado en el sillón, lo miró fijamente a los ojos, comenzó a hablarle de las maravillas de la Ilusión real, su variedad de palabras, poderosa convicción y brillante oratoria, hechizaba a la mente Germán. Continuó hablándole de las experiencias que iba a tener si continuaba escuchando el programa, conocería el placer de los sentidos al máximo. Después de hablar larga y tendidamente, el ser desapareció, como si se hubiese desvanecido sin que Germán se diera cuenta de la manera y el momento exacto. Miró hacia la radio y la hora cambiaba de 1:45 a 1:46, le pareció sumamente extraño porque sentía como si hubiese transcurrido toda la noche. Se encontraba completamente agotado y con un intenso dolor de cabeza. Se quedó tendido en la cama meditando en lo sucedido pero no tardó en dormirse profundamente.

Al día siguiente fue despertado por los fuertes rayos de sol que entraban por la ventana, el dolor de cabeza aún persistía. Mareado, trató de levantarse de la cama en forma algo torpe, miró la hora en la radio: 11:05 am. Recordó detalles de la noche que había pasado, todo le pareció una locura, no obstante, la sobrenatural experiencia le había resultado muy agradable. A medida que el dolor de cabeza y el malestar se disipaban, sus pensamientos comenzaron a acomodarse. Trajo a la memoria el momento en que compró la radio, recordó como apostado en la esquina de una calle poco concurrida de la ciudad, el vendedor callejero insistió en que compre el singular aparato de radio, le mostró todas las ventajas: moderno diseño, reloj digital, sonido estéreo, pero por sobre todas las cosas, una extensión del alcance de la FM que superaba lo común, el 120.1, mas allá de toda FM existente. En ese punto del dial podía llegar a escuchar el programa Ilusión real todas las noches a la hora exacta 1:45 am, el programa que lo llevaría al límite de las experiencias del placer. Había dudado bastante antes de decidir la compra, pero finalmente cedió ante la insistencia del vendedor y se llevó el aparato consigo. Ahora estaba entusiasmado ante lo sucedido, pensaba en las palabras del extraño ser que lo visitó y en sus promesas de placer sobrenatural.

La segunda noche, Germán esperó con impaciencia al horario fijado para el inicio del programa. Puntualmente dio inició la transmisión. El locutor volvió a hechizar a Germán con un largo y esotérico relato hasta que el tiempo y el espacio perdieron el sentido en la habitación. Nuevamente, un misterioso ser incorpóreo salió del emisor, esta vez fue tomando la silueta de una hermosa mujer, tan hermosa que alguien solo la podría imaginar en sueños. La mujer comenzó a danzar en forma sensual alrededor de la cama donde Germán estaba extendido, mirando anonadado el ritual de la danza que provocaba toda su lujuria. Poco a poco la mujer se acercó a él hasta poseerlo por completo y hacerle el amor en forma desenfrenada y bestial. Germán no tuvo idea de cuanto duró aquello pero la pareció una jornada eterna, extenuante y exuberante de placer. Otra vez volvió a despertarse con los rayos del sol de la avanzada mañana del día siguiente.
Y así, cada noche Germán volvió a vivir experiencias únicas de placer y deleite, extraños personajes visitaban su habitación para brindarle la sensación del sexo, la música y los colores, de una forma en que nunca había vivido en el mundo real.
La última noche de la experiencia de Germán con Ilusión real, el rito volvió a celebrarse como siempre, esperó el horario fijado, la transmisión dio inicio puntualmente con el relato del misterioso locutor, pero esta vez el que visitó su habitación fue un horrible ser cadavérico que tomó su lugar en el sillón habitual en el que se ubicaban los personajes y comenzó a hablarle con voz demoníaca llenando de espanto y terror a Germán, quien esta vez sintió temor por su vida, añorando aquellos personajes que lo visitaron en noches anteriores y que tanto placer le dieron con su presencia.


-Hace días que no lo veo entrar ni salir del apartamento-dijo una señora mayor, vecina del mismo piso, mientras hablaba con la policía-. Golpeé la puerta varias veces pero nadie respondió, algo debe andar mal. Germán siempre fue un jovencito bueno y agradable, pero los últimos días que lo vi, andaba cabizbajo y perdido, hasta que desapareció y no lo vi mas.


 Los dos efectivos de la policía, que habían llegado al lugar por la denuncia de esta vecina, decidieron derribar la puerta para poder entrar. La sala de entrada estaba en perfecto orden, la cocina tenía platos acumulados y sucios desde hacía mucho tiempo, cucarachas buscaban refugio ante la presencia de los extraños. Los agentes se dirigieron a la habitación, donde al abrir la puerta encontraron a Germán tirado en su cama, muerto desde hacía varios días, no había signos de violencia.
Haciendo las primeras pericias, un oficial de la policía científica vio la radio en un mueble de la habitación, le llamó la atención porque su hijo acababa de comprar una del mismo modelo. Notó que la hora que decía el display de la radio era 1:45 am y la misma no avanzaba, evidentemente el reloj no funcionaba bien.
Después de todo el aparato no era tan bueno como el vendedor callejero le dijo a Germán.

19 feb 2011

La música de tus ojos


Fue en una tarde soleada de primavera, en el aire de la época se respiraba el romance. El esperaba su llegada observando tras los cristales del salón. El paisaje no podía ser mejor para inspirarlo. El camino de tierra firme que guiaba los vehículos a la casa estaba bordado en su costados con flores violetas, blancas, rojas y amarillas. Las frondosas arboledas en el vasto horizonte le daban el marco adecuado a tan sublime lugar. Todo parecía preparado para la ocasión.
Cuando por fin ella llegó, él la recibió y la llevo directamente al corazón de la casa, el salón donde se encontraba su piano. Se sentaron juntos frente a él. Entonces el hombre ejecutó una nueva melodía romántica y perturbadora, intentaba seducirla con su música. No miraba el teclado mientras que tocaba, sino que lo hacía mirando fijamente los ojos de ella.

- Es algo sublime,-dijo ella-. Pero lo que mas me emocionó fue que tocaras todo el tiempo mirando a mis ojos, en vez de mirar al teclado.

- Es que si te dejaba de mirar -le respondió él- no hubiera sabido como seguir. Tus ojos han sido mi partitura.

No hubo mas palabras, esa bella melodía creada por el genio, fue sellada por un largo beso y un inolvidable romance.

PD del autor: 
Lo que acaban de leer me fue inspirado por una historia real ocurrida hace unos 250 años. El protagonista fue Wolfgang Amadeus Mozart y ella la cantante checa Josephfa Duschek. 
Espero que les haya gustado.
Un abrazo. Guille Silva

2 feb 2011

La ciudad, el mar y la lluvia


En agosto, el aspecto de esta ciudad es triste. Si bien cada verano suele recibir a miles de visitantes que le dan color y vida a este lugar, en invierno su apariencia es melancólica, lúgubre, casi diría sin vida. En esta época, las lluvias son mas abundantes que en todo el resto del año y las nubes parecen anclarse en el cielo para no dar lugar jamás a los rayos del sol.
Así se presentaba esta ciudad de la costa de Buenos Aires cuando volví a visitarla. La última vez que puse mis pies en este lugar fue hace 2 años, y no estaba solo, Rocío me acompañaba.
En aquella oportunidad Rocío y yo vinimos aquí para pasar las dos semanas más románticas e inolvidables de nuestras vida. Estuvimos en una casa rentada que estaba construida a muy pocos metros del mar, sobre las rocas que dan a la playa. Pasamos cada día y cada noche juntos, riendo, hablando...amándonos. Recuerdo que nos sentábamos cada amanecer en la arena a ver como aparecía el sol y de a poco iluminaba nuestros rostros. Como olvidar esas caminatas juntos por la orilla del mar, cuando las mansas olas golpeaban nuestros pies descalzos. Esas noches al calor de una fogata, con las estrellas como testigos de nuestro amor.
Amé a Rocío con toda mi alma y creo que ella también me amó. 
Tiempo después, estando juntos en Buenos Aires, Rocío tomó la decisión de alejarse de mi. No tengo mucho que decir sobre eso, tuvimos diferencias importantes, tal vez mis celos la cansaron, no lo sé, pero una mañana me desperté y ya no estaba, solo una nota en la que me decía que me amaba pero ya no podía continuar conmigo. Cambió su celular y nunca respondió a mis mensajes. Después de un tiempo también yo cambié mis teléfonos y dejé de revisar mensajes. Quería dejar de pensar que algún día volvería a llamarme.
Volví a la ciudad del mar buscando olvidarla, que ironía! cuando uno quiere olvidar un amor busca recurrentemente cada cosa que lo recuerda y se tortura uno mismo, que forma de olvidar es esa?
Llovía intensamente y hacía frío. Recorrí cada lugar de esa ciudad, venían a mi mente recuerdos de ella. Las calles solitarias por las que paseamos juntos, los restaurantes donde comimos, el parque donde nos sentábamos y abrazados pasábamos horas mirando la gente pasar.
Después de vagar por la ciudad desierta, me dirigí a la casa en la que habíamos estado con Rocío dos años atrás, no sabía para qué, sólo quería hacerlo.
Llegué al final de calle, bajé por un peñasco y comencé a caminar por la playa buscando la casa.
En ese momento, con gran sorpresa, la vi parada en la arena, se encontraba de espaldas a mi, mirando hacia el mar, creí reconocer su silueta..
Corrí desesperado a ver si realmente se trataba de ella o era yo el que estaba delirando por mi misma locura. Me di cuenta de que era ella, me detuve de repente a pocos metros de alcanzarla, me quedé quieto mirándola unos segundos hasta que ella se dio vuelta. Llorando me miró a los ojos y me dijo:
- Sabía que te iba a encontrar acá, no he podido olvidarte.
La abracé y la besé, lloramos juntos. La lluvia caía sobre nosotros en la soledad de la playa, hacía frío, pero no importaba. Esta vez no la iba a dejar ir.

25 ene 2011

Nunca más habrá un adiós

He tenido la gran fortuna de triunfar en lo que hago. Desde niño soñé con ser un gran escritor y lo he logrado, por lo menos mis libros de novelas se han traducido a varios idiomas, se venden en muchos lugares del mundo y viajo permanentemente para presentarlos. Esa semana de abril de 1999 tenía varias conferencias en España, presentaba mi último libro "Ojitos de despedida". Estaba en el bar del hotel "La Florida", a 500 metros de altura sobre la ciudad de Barcelona, se estaba haciendo de noche, el cielo estaba despejado, podía ver como la ciudad encendía sus luces y mostraba su encanto nocturno. Corría una brisa de primavera que me acariciaba suavemente el rostro. En la mesa había dos copas, la mía y la de María Rodero, la mujer a la que estaba esperando. Hacía trece años que no nos veíamos, la vida nos separó cuando nuestro amor florecía.
Mientras esperaba se acercó a mi una pareja que me reconoció, me solicitaron una foto con ellos, accedí con mucho gusto. Me dieron un ejemplar de mi libro para que se los firme, escribí "Con cariño, Darío Mulinari".
Pensé, que curiosa es la vida para algunos, de chico comía salteado y caminaba por calles de tierra de un barrio pobre de Buenos Aires. Quedé huérfano de mis padres siendo muy pequeño, mis queridos abuelos me criaron y educaron como pudieron. Fue duro el trayecto hasta llegar aquí. Hoy el mundo, la fama y el dinero me abren sus puertas. He conocido las mejores ciudades, he recibido honores en dos continentes, me han dado premios por mis libros. Pero durante todo este tiempo soñaba con volver a encontrarla, la chica que amé durante mi adolescencia y que jamás pude arrancar de mi corazón y de mi mente.
Fue un amor que surgió en la secundaria, cuando ambos teníamos quince años. Durante dos años fuimos amigos, compinches y compañeros de aventuras pero nunca nos dimos un beso durante ese tiempo. Creo que la amé desde el primer día en que la conocí, no me animaba a decírselo por nuestras diferencias sociales, pero mas que nada por temor a que me rechazara y perdiera su amistad.
María pertenecía a una familia adinerada, su padre era un empresario de la construcción que viajaba permanentemente. Su familia jamás me conoció ni supo de mi existencia, a pesar de que con María éramos compañeros de colegio y amigos.
Recuerdo la noche en que creí que estaríamos juntos para siempre. Fue en la fiesta de graduación de la secundaria. El lugar fue el club deportivo de la ciudad. Habíamos llegado por caminos separados, María con sus amigas y yo con los míos. Todos los chicos de la escuela concurrieron esa noche. Primero hubo una ceremonia de medallas y diplomas para todos los que, como María y yo, cerraban esa etapa de la vida. Después vino la celebración y el piso de la cancha de básquet se transformo en una pista bailable, todos festejaban y bailaban. Llegada las 12 de la noche las luces mas fuertes se apagaron y solo iluminaba el lugar algunos reflectores que daban a la bola de cuadraditos de espejos que colgaba del techo, en el centro del lugar, todo estaba a media luz. El ritmo de la música cambió y comenzaron los lentos. Fui corriendo a buscar a María, sentía que esa iba a ser la última oportunidad de declararle mi amor. Ella estaba en un costado del lugar, hablando con sus amigas, la tomé del brazo y la llevé al centro de la pista, María no parecía sorprendida, la abracé por la cintura como nunca lo había hecho antes, ella entrelazó sus manos por mi cuello y comenzamos a bailar lentamente, recuerdo que sonaba la canción "Never say goodbye" de Bon Jovi. No podía dejar de mirarla a los ojos, me sentía hechizado por su mirada. El lugar estaba repleto de chicos y chicas, pero sentía que estábamos nosotros dos solos y que el mundo giraba a nuestro alrededor. Después la llevé fuera del club, caminamos por el pasto del parque tomados de la mano, la noche mostraba a las estrellas pegadas en el cielo, parecían especialmente preparadas para ese momento. Nos detuvimos y entonces la besé, no se cuanto tiempo, pero fue el momento mas romántico de mi vida. Le dije que la amaría para siempre, me dijo lo mismo. Hubiese querido detener el tiempo allí mismo, si hubiese sabido lo que vendría después.
El destino muchas veces nos depara sorpresas y nos asesta golpes que no esperamos. El padre de María fue llamado por una empresa de Italia ofreciéndole una gran oportunidad de trabajo y tomó la rápida decisión de continuar su vida en ese país llevando a toda su familia. Con María tuvimos poco tiempo para hablar del asunto y de como manejaríamos lo que se suponía era nuestro noviazgo. El día de partida llegó pronto. Nos peleamos, como las peleas que tienen los chicos a los 17 años, en esas circunstancias se subió al avión y no nos volvimos a ver. Sentí haber perdido el amor verdadero, lloré no se cuantas veces. En ese tiempo comencé a escribir las novelas que mas adelante fueron conocidas por todos.
Pero trece años después, esa semana en que estaba en Barcelona, sucedió el milagro. Sonó el teléfono del cuarto del hotel y me dijeron que tenía una llamada desde Italia, era María. Si, mi chica de la adolescencia, con la que nos prometimos amor eterno. Acepté inmediatamente el llamado y comenzamos a hablar . Ella estaba viviendo aún en Milán, la misma ciudad donde se había instalado cuando dejó Buenos Aires. Me contaba que se enteró por un diario de que yo estaba en Barcelona presentando un libro, no sabía que me había convertido en escritor. Inmediatamente quiso comunicarse conmigo, averiguó donde paraba y consiguió el teléfono del hotel. Hablamos durante unas dos horas, recordamos viejos tiempos, la noche de graduación, la despedida y como continuaron nuestras vidas después de separarnos. Me contó que estudió diseño en la universidad de Milán y que le iba muy bien con su profesión. Durante todo este tiempo ninguno nosotros se comprometió ni tuvo una relación duradera. Aunque no lo dijimos, los dos estábamos esperando este reencuentro, jamas nos olvidamos el uno del otro. Al otro día yo tenía que hacer un par de conferencias mas en la ciudad, pero ella prometió tomar un avión y encontrarse conmigo.
Y allí estaba yo, en esa tarde-noche, esperando en el bar del hotel, cuando apareció desde uno de los pasillos y se arrimó a la mesa donde yo estaba. Nos miramos, sonreímos, había dejado de ser una adolescente y se había convertido en una hermosa mujer. Solo atinamos a decirnos hola, nos abrazamos y nos besamos mágicamente, como si el tiempo hubiese vuelto atrás y hubiese retrocedido hasta aquella noche del primer beso en el jardín del club. Entonces la invité a quedarse, teníamos tanto para hablar. La vida y el amor nos esperaban, nos dijimos nunca más habrá un adiós.

PD del autor: siento un cariño especial por esta historia. Fue la primera que escribí y la que representa gran parte de mi vida real y de mis fantasías. Ojalá querido lector la hayas disfrutado.

23 ene 2011

Una historia de amor que no pudo ser


Como cada mañana de domingo, ella se dirige al cementerio de la ciudad llevando una rosa para dejarla en una gris tumba de mármol. Su historia es triste pero vale la pena conocerla.
Nancy y David estaban cursando su último año de secundario, los dos rondaban los 17 años. Se conocían muy poco ya que eran de cursos distintos y casi no se se habían hablado.
Cada tarde, a la salida del colegio, a pocos metros del lugar ambos esperaban el autobús que los llevara de regreso a su hogar. David la veía como a la chica mas bella del colegio y siempre esperó una oportunidad para poder acercársele y hablar.
Ese día, la demora del autobús era mas larga de lo habitual, entonces David se le acercó para hacerle una pregunta con respecto al transporte que no llegaba, Nancy le contestó sin demasiado interés, pero David era muy simpático y sabía como hablarle a una chica que le interesaba. Ella empezó a sentirse a gusto con ese chico y le gustaba las cosas que le decía. Las palabras brotaban naturalmente y era evidente que ambos empezaban a congeniar.
El autobús no llegaba, pasaron los minutos y  ambos seguían conversando de buena gana. Entonces él se ofreció a acompañarla caminando hasta cerca de su casa, aprovechando la hermosa tarde primaveral. Fue en ese camino que David la tomó suavemente del hombro y la besó largamente floreciendo un amor de ensueños.
Los días de colegio continuarían con ellos dos como novios, cada tarde regresaban juntos caminando a su hogar, él la acompañaba hasta pocos metros de llegar y luego se despedían. 
Terminó la época colegial pero el noviazgo perduró. David conoció a la familia de ella y Nancy también a la de él. El amor entre ambos crecía con cada día que pasaba.
Cuando David la iba a visitar a su casa, se sentaban por las noches en un árbol seco que estaba tirado en el parque de la casa, miraban las estrellas, pedían deseos, pero sabían que habían encontrado lo mas importante: el amor con quien compartirían toda su vida.
Pasaron dos años, se veían cada día y empezaron a soñar con casarse y tener hijos. David estudiaba de día pero pensaba que tenía que trabajar inmediatamente para juntar dinero y poder hacer real el sueño que tenían con Nancy. Entonces surgió una oportunidad de un trabajo nocturno como empleado de seguridad en una empresa de la ciudad. Podría estudiar durante el día y por las noches hacer las guardias de seguridad en la empresa. Para dormir habría tiempo mas adelante, ahora apremiaba juntar dinero para darle forma al sueño del casamiento.
Un mes después de haber empezado su trabajo, David estaba en una noche de guardia, cuando un grupo de ladrones irrumpieron en la empresa, estaban fuertemente armados, hicieron a golpes que David y otro guardia se tiraran al suelo, los ataron y se dispusieron a vaciar lo que se encontraba en el lugar. Después de unos minutos emprendían la retirada, cuando se estaban yendo, uno de los maleantes se volvió hacia David y su compañero, los hizo parar , fijó la vista en David, levantó el arma que llevaba, le apuntó directamente a la cabeza y jaló del gatillo, inmediatamente el cuerpo de David se desplomó sin vida contra el piso. Sólo tenía 19 años.
Con el correr de los meses y el testimonio del otro guardia pudieron detener a los ladrones y al asesino de David, pero nada de eso iba a reparar el dolor de quien lo amaba.
Pasaron 20 años de ese triste acontecimiento, Nancy visita cada domingo la tumba de su amado en el cementerio de la ciudad, le deja una rosa con los ojos llenos de lágrimas y se va . Ella no volvió a tener una pareja, se quedó sola con el recuerdo de esa historia de amor que no pudo ser. 

Parafraseando a Neruda

Puedo escribir los versos más románticos esta noche.


Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y brillan, azules, los astros, tan cerca…".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más románticos esta noche.

Yo la quiero, y sé que ella también me quiere.
En noches como ésta la tengo entre mis brazos.

La beso tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiere, y yo siempre la querré.

Cómo no amar sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más románticos esta noche.

Pensar que la tengo. Sentir que no la perderé.
Oír la noche inmensa, no tan inmensa con ella a mi lado.

Y el amor cae al alma como al pasto el rocío.
Solo importa que mi amor pueda guardarla.

La noche está estrellada y ella está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Mi alma solo se contenta con tenerla.
Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, seguimos siendo los mismos.
Todavía la quiero, es cierto, y cuánto más la querré!.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Nunca será de otro, siempre de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Todavía la quiero, es cierto, y cuanto más la querré!

No hay olvido en este amor eterno.

Porque en noches como ésta la tengo entre mis brazos,
mi alma se contenta con tenerla.

Porque ella alivia mi dolor,
y éstos no serán los últimos versos que yo le escribo. 



Nota: Espero que nadie se ofenda por haber parafraseado este maravilloso Poema 20, pero he amado esta obra maestra de Neruda desde mi niñez y siempre me ha traído esa tristeza y melancolía del amor que ya no está. Como mi realidad en el amor es distinta es que quise hacer esta especie de homenaje al genio poeta pero aplicado a mi vida. 

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