Descanse en paz
Está claro, somos mudos a los demás, ciegos a sus obras. Pretendemos entrar en las vidas ajenas colándonos por las ventanas, pero no para saludar, ni para siquiera mostrar nuestros respetos, solo para en un ejercicio de narcisismo, pavonear nuestras miserias ante otros pavos que a su vez, se infiltran en nuestras moradas. No hay nada que hacer, se ha muerto el oficio de poeta, lo han enterrado los oídos que se niegan a escucharlo, las manos que se niegan a aplaudirlo y las voces que por no decir ni mu, se conforman con pensar que ellas sí son poetas.
Descanse en paz.



