7 jul 2011

EL CANTO DESLIZA LAS HORAS-Jaime Kozak

Cuando la muerte es flor del aire infinito

el canto desliza las horas.
Las hablo
toco
acaricio
algunas se secan, enferman.
Otras florecen radiantes y no tiene explicación,
es simplemente de una forma que no controlo.
Vestidas de púrpura desnudez
en el materno horizonte de la tierra
con los siglos vienen a vivir en algunas páginas.
La sangre asola tallos cimbreantes,
la savia se propaga de fibra en fibra
y el viento inclina troncos sin descanso
al crecimiento silencioso.

17 dic 2010

UN DÍA UNA NOCHE CUALQUIERA - Jaime Kozak

Un día cualquiera ordeno mi memoria,
desfilan en carrusel nombres amados, los que fuí.
Aquellos que reconozco en los engendros al infinito,
en el jardín de las noches
cuando violentaba soles negros.

Antepasados debatiéndose
en el reino de la absoluta quietud.
Multiplicando sombras
en el juego en que cada espejo
miente otra vez lo ya mentido.

Una noche cualquiera
encuentro en versos trozos de vida,
pactos sublimes con el futuro.

Y, aún, la escarcha, el hambre y el amor,
prometen volver alojados en vientos
en persecución de muertes clandestinas.

4 sept 2010

CUANDO ABRÍ LOS OJOS YA ESTABA MUERTO.- Jaime Kozak

No detengo el espanto
ni los excrementos del amor
ni mundos fenecidos
desorientan mi vuelo.

No me oprimen inaudibles distancias,
ni nada ausente
ni tu mirada vacía me conmueve.
Quieto, escucho las hojas que se apartan a mi paso,
funerarios hospedajes del olvido.

No estaba allí antes de haber llegado,
no cuento arenas sin historia
ni odio mentiras que anegan codicia,
no me asustan fantasmas, incestos coagulados.

No me detienen ráfagas ni arrasan mis nervios,
estupidez de viejos paquidermos de esfínteres bajo tierra,
ni me someto a perchas desoladas,
chalecos de fuerza o imposturas.

Intento escribir un epitafio para una tumba inexistente,
para un escritor de libros desconocidos,
libros rotos arrojados a la mar.

Escribir para borrar o imprimir soplos contra el olvido.
Para desocupados forzosos,
desposeídos como flor seca entre páginas,
entre portadas, viaje caído.

Escribir un epitafio al despertar,
se me hace música para puertas estrechas,
me recuerda sienes plateadas, frentes marchitas,
ceremonias de bibliófilos amnésicos,
súbitas mareas, azares del hambre.

Espejos tapados.
Hijos llorando divisiones perdidas.
Seca sangre derrmada clamando venganza.
Poetas muertos, devoradores de silencios,
aniquilidos en caminos de dioses,
si es que alguna vez existieron
en sueños
que vivian en otros sueños.

Cuando abrí los ojos ya había muerto
y me pregunté: quién era ahora.
Un iluso más del patético éxodo de letras y amores.
Un ex-amigo como decía.
Un recuerdo vibrante en íntima patria de sombras.
Mención en necrológica de poetas pobres,
trashumantes anónimos.
Recuerdo humos de barcos dentro de botellas.
Un automóvil atropellando un ferrocarril.

Un movimiento triste del ancho río y la corriente muda.
Simple resto del verano que llegó a su fin.

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