2 feb. 2011

La ciudad, el mar y la lluvia


En agosto, el aspecto de esta ciudad es triste. Si bien cada verano suele recibir a miles de visitantes que le dan color y vida a este lugar, en invierno su apariencia es melancólica, lúgubre, casi diría sin vida. En esta época, las lluvias son mas abundantes que en todo el resto del año y las nubes parecen anclarse en el cielo para no dar lugar jamás a los rayos del sol.
Así se presentaba esta ciudad de la costa de Buenos Aires cuando volví a visitarla. La última vez que puse mis pies en este lugar fue hace 2 años, y no estaba solo, Rocío me acompañaba.
En aquella oportunidad Rocío y yo vinimos aquí para pasar las dos semanas más románticas e inolvidables de nuestras vida. Estuvimos en una casa rentada que estaba construida a muy pocos metros del mar, sobre las rocas que dan a la playa. Pasamos cada día y cada noche juntos, riendo, hablando...amándonos. Recuerdo que nos sentábamos cada amanecer en la arena a ver como aparecía el sol y de a poco iluminaba nuestros rostros. Como olvidar esas caminatas juntos por la orilla del mar, cuando las mansas olas golpeaban nuestros pies descalzos. Esas noches al calor de una fogata, con las estrellas como testigos de nuestro amor.
Amé a Rocío con toda mi alma y creo que ella también me amó. 
Tiempo después, estando juntos en Buenos Aires, Rocío tomó la decisión de alejarse de mi. No tengo mucho que decir sobre eso, tuvimos diferencias importantes, tal vez mis celos la cansaron, no lo sé, pero una mañana me desperté y ya no estaba, solo una nota en la que me decía que me amaba pero ya no podía continuar conmigo. Cambió su celular y nunca respondió a mis mensajes. Después de un tiempo también yo cambié mis teléfonos y dejé de revisar mensajes. Quería dejar de pensar que algún día volvería a llamarme.
Volví a la ciudad del mar buscando olvidarla, que ironía! cuando uno quiere olvidar un amor busca recurrentemente cada cosa que lo recuerda y se tortura uno mismo, que forma de olvidar es esa?
Llovía intensamente y hacía frío. Recorrí cada lugar de esa ciudad, venían a mi mente recuerdos de ella. Las calles solitarias por las que paseamos juntos, los restaurantes donde comimos, el parque donde nos sentábamos y abrazados pasábamos horas mirando la gente pasar.
Después de vagar por la ciudad desierta, me dirigí a la casa en la que habíamos estado con Rocío dos años atrás, no sabía para qué, sólo quería hacerlo.
Llegué al final de calle, bajé por un peñasco y comencé a caminar por la playa buscando la casa.
En ese momento, con gran sorpresa, la vi parada en la arena, se encontraba de espaldas a mi, mirando hacia el mar, creí reconocer su silueta..
Corrí desesperado a ver si realmente se trataba de ella o era yo el que estaba delirando por mi misma locura. Me di cuenta de que era ella, me detuve de repente a pocos metros de alcanzarla, me quedé quieto mirándola unos segundos hasta que ella se dio vuelta. Llorando me miró a los ojos y me dijo:
- Sabía que te iba a encontrar acá, no he podido olvidarte.
La abracé y la besé, lloramos juntos. La lluvia caía sobre nosotros en la soledad de la playa, hacía frío, pero no importaba. Esta vez no la iba a dejar ir.

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