5 feb. 2011

Encuentros de sal


Amaneció con la falda rota y sin maquillaje en su lugar,

sus dedos eran testigos de caminos de arena y de sal,

yo, sin brisa ni memoria, me senté a su lado;

me quité los zapatos para ponerme a la par,

definitivamente, los dos de igual a igual.


Se levantó señalada por mis manos muertas de frio,

se quitó su vestido carcelario de noche,

en ropa interior, sin miedo ni carnaval;

con un rostro que era el verano,

corrió playa a través, para nunca más volver.


Yo, sin niñez ni principios, me quité la camisa;

decidí seguirla y llenarla de abrazos,

dándole amor en cada esquina y ola del mar,

en sus resquicios se apagaban todos mis vicios,

y éstos se convertían en cosas que nunca dije.


Continuamos con el ritual sin mirar hacia atrás,

amaneciendo en Madrid, durmiendo en La Habana;

tocando techo en Buenos Aires, y vestidos en Salamanca;

sin aire en Valencia, y abrazándonos en Extremadura;

dos voces casuales fumando mañanas y conformando playas,

en mi tierra y en la suya.


2 Comentarios:

Fernando González Rendo. dijo...

Espero que os guste, mucho más en mi blog.

Gracias por pasaros y comentar.

Saludos y abrazos, besos y versos...

ichokozak dijo...

Un aire a sal y mar y amor viene bien en el invierno madrileño.
un saludo, Fernando

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