Encuentros de sal
Amaneció con la falda rota y sin maquillaje en su lugar,
sus dedos eran testigos de caminos de arena y de sal,
yo, sin brisa ni memoria, me senté a su lado;
me quité los zapatos para ponerme a la par,
definitivamente, los dos de igual a igual.
Se levantó señalada por mis manos muertas de frio,
se quitó su vestido carcelario de noche,
en ropa interior, sin miedo ni carnaval;
con un rostro que era el verano,
corrió playa a través, para nunca más volver.
Yo, sin niñez ni principios, me quité la camisa;
decidí seguirla y llenarla de abrazos,
dándole amor en cada esquina y ola del mar,
en sus resquicios se apagaban todos mis vicios,
y éstos se convertían en cosas que nunca dije.
Continuamos con el ritual sin mirar hacia atrás,
amaneciendo en Madrid, durmiendo en La Habana;
tocando techo en Buenos Aires, y vestidos en Salamanca;
sin aire en Valencia, y abrazándonos en Extremadura;
dos voces casuales fumando mañanas y conformando playas,
en mi tierra y en la suya.





2 Comentarios:
Espero que os guste, mucho más en mi blog.
Gracias por pasaros y comentar.
Saludos y abrazos, besos y versos...
Un aire a sal y mar y amor viene bien en el invierno madrileño.
un saludo, Fernando
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