18 ene 2013

Entre las gotas de la lluvia de otoño


Mientras soñaba una lluvia de reflejos sobre cristales rotos en la seda de un lago quieto donde una rana croaba enamorada  al desdén de un viento ingenuo y antiguo que nada le decía cuando junto a ella pasaba y aun así seguía arrobada en el canto que regalaba sin pedir a cambio siquiera una mirada o un leve desvío de pensamiento o quizás una caricia tan solo que fuese lo suficientemente delicada como para sentir que para él en algún momento sería, me sentí ella, me sentí vivo, sentía lo que sentía ella, me sentí más yo que jamás lo había sido ni probablemente lo sería.

13 nov 2012

Flores de otro tiempo


Por tantas razones el llanto. Y hoy es hoy y es tanto. Mi nombre no nombrado, alejado. Es otro tiempo fuera de espacios andados.
No hay nada más fértil para el alma que un paisaje infinito, yermo y desolado. ¿Qué hay más allá del vacío, de la nada, entre los ropajes de la necedad, de la oscura sensación de nada en sí?
Ya nada es como era, en casi ningún aspecto. Ni las palabras apenas, puro ejercicio estilístico con ínfulas de algo, pura banalidad, pura vacuidad, pura vanidad.
No siempre la mirada al pasado debería llevarnos al desasosiego, aunque a veces, por razones que se nos escapan y que son más profundas de lo que podemos imaginar, además de ignotas, nos hace estremecer. Es en esos momentos que dirijo la dirijo a la tibieza de aquellos ojos, a la primera. Necesitamos la franqueza para reconocernos y, en ese aspecto, yo nunca me engañé, aunque por necesidad, a veces también, le puse un velo de ausencia para sobrevivir.
Siempre, solo, hubo una. Y la muerte, tan contumaz como esclava, aparece agolpes, aun sabida, y se te clava y se te hunde.
Alrededor de la dulzura viví momentos excelsos, y todos, al margen de en los márgenes, con ella. Miradas y tactos, palabras. Ahora miro fuera de ella y es como si viese la vida apoyado en el alféizar de una entreabierta ventana y observase el erial de un cementerio de mí delante, plagado de cruces, algunas vencidas, desvencijadas otras, escuchando el horrible  graznido de un cuervo escarbando en la tierra en busca de lombriz o alguna defecación.
El humo elevándose, de un cigarrillo que pende entre los dedos de la mano, en volutas deformes que enmarcan su rostro y lo conforman más allá de la necesidad, casi hasta el éxtasis, con la sonrisa siempre en una boca que me fijaba como una serpiente cuyo veneno deseaba sentir bajo la piel, recorriéndome las venas, ahogando mi alma. El sabor de un beso tras otro, siempre dentro, en ella, en mí, en nosotros. Era pasión sentir los labios, acariciarlos, incluso en los lugares, en los tiempos, en que Dios no se sentía a gusto. ¿Los hay algunos? Era esencia de tacto y de más. Y lo buscábamos. Nos gustaba sentirnos. Nos gustaba gustarnos. Morir ahí dentro. Comulgarnos. ¿A qué saben los labios? Los suyos eran a mirra y a incienso, a viento y a mar, a silencio. Me bebía su aliento temprano de tabaco rubio y de saliva y de deseo. Hermoso atanor la boca donde se bebe el brebaje vital del que nos alimentamos como posesos, ansioso del otro hasta los días de la calamidad, cuando el sonido de las trompetas anunciaron la llegada de los últimos días, cuando una estrella ardiente secó todas las fuentes donde habíamos bebido con la delectación propia de la inconsciencia, de la ingenuidad, del desconocimiento. Nunca nada fue tan hermoso como aquella risa en la que mecí una vida, como aquella espiral de pétalos que envolvieron de aroma los años más hermosos de todo tiempo, donde todo era comienzo y el final solo entelequia, mera apariencia, inexistente si no era para despertar  y comenzar de nuevo. Nunca una risa dibujó líneas más livianas, más perfectas sobre piel alguna. Y jamás palabra de ninguna boca evocó pasiones como la que en mí hubo. Solo ella y hacia ella. Todo, ella era todo. Solo ella y desde ella. Universo.
El tiempo te hace claudicar. Mirar hacia fuera como hacia el pasado, y no encontrar. Observar las gotas de una lluvia que se desgana sobre la tierra, una a una, despacio -con cierta calidez si fuere posible, me atrevería a afirmar, si no fuese porque, fuera, hace frío-, mojando la tierra, manchando las blancas paredes de un gris casi desaparecido, invita a la ausencia, al ensimismamiento, a la huida a los paraísos perdidos.
Es un otoño hermoso este en que me hallo, preñado de amarillos y de rojos, de ida entre las hojas, de llanto quedo por aquello ido de hace tanto que ya un manto blanco comienza a cubrir los espacios donde soy. Y ella es muerta y yo aún soy.

8 jul 2012

XY. 1


La línea del cielo balanceándose, sacudiéndose arriba y abajo. Miro arriba. Es todo lo que puedo hacer.
Un conejo sale de su madriguera. Es raro. Se rasca la oreja mientras me mira. Un hombre, a lo lejos, lleva un arma, o lo parece. Tres buhos vuelan en este día que parece noche.
Es un erial de almas, de luz, de color.
El conejo se hiergue, me mira y se introduce en la madriguera.
Los colores pertenecen a nuestras miradas de cuando aún buscábamos...

10 ene 2012

Soy

Por cada tropiezo dado;
por cada sentimiento desgarrado;
por cada lágrima derramada;
por cada sonrisa cercenada;
por cada esperanza perdida;
por cada súplica desatendida;
por cada mano tendida, despreciada;
por cada mirada esquivada;
por cada esputo recibido...
Ahora soy más, mucho más. Ahora lo soy todo. Ahora soy nada.

1 dic 2011

Haz como yo, mira los pájaros

Si dijese que no lo encuentro, cuando camino... Pero las razones de las abejas se me escapan, y la miel es dulce pero la cera...
Suelo mirar a los pájaros cuando se posan en las baldosas rotas para beber el agua de esos pequeños charcos, casi lagunas para ellos. Andan a saltos, los gorriones. Me gustan. Las palomas se contonean, sin gracilidad alguna.
Siento la lluvia. Despacio. A veces golpea con más intensidad. Hoy. Los sonidos ásperos elevan palabras sin sentido, hacia nadie, y sin embargo provocan lo innecesario. Aún no sé porqué.
Los árboles se convierten al amarillo, esa religión oficial tan extendida en los otoños cálidos. Suelo mirar con fijeza buscando un cromatismo negado a la mayoría no sé muy bien porqué. Sí, ¿pero qué importancia tiene? El agua no deja ser. El miedo más bien. El miedo al agua. Regueros de agua de lluvia por doquier. Hoy es ayer. Mañana no fue.
Llueve otra vez. Oigo cantar jazz.

23 nov 2011

Gotas. Hauki 21

Lluvias de dentro.
Apagados rumores.
Lentas heridas.

28 jun 2011

Caminando

A veces, cuando camino, siento el suelo bajo mis pies, cómo se mueve, y noto el viento en mi rostro, cómo golpea, y sigo. Jamás me siento, aun con llagas, y siento.
Leí una noche, en un aseo, dos mensajes, o peticiones, no lo sé. Decía el primero:
Chica soltera y de aspecto agradable busca el último reducto de inteligencia masculina en el planeta Tierra. Abstenerse casados y casuales”. Me dio mucho que pensar. ¿Qué pasa en los otros planetas? ¿A ese nivel hemos llegado ya? ¿Por qué en un aseo para mujeres?
El segundo de los mensajes, escrito inmediatamente debajo del anterior, decía: “Busco hombre, buena gente, inteligente y con inquebrantable sentido del humor. El resto es negociable. Abstenerse casados y casuales”.
Ya no pensé. Me lavé las manos y me fui, porque, en la vida, el activo más valioso es el tiempo.
La vida no se elige, se vive.

10 abr 2011

Fides

¿Qué hay bajo el terciopelo rojo que cubre el agua como un suave manto de seda? Una muñeca rota por los adentros. Quiero encontrarte en los adondes, para los siempres, como una avaricia que me recorre el cuerpo de dentro afuera y de fuera adentro. Soy tan sólo un hombre solo que busca alrededores en las estrellas que llueven noches, entre tus manos. Cualquier sitio puede parecer una cárcel, incluso la vida, si no se tiene fe. Pero... cuando se está perdido se está dispuesto a creer en cualquier cosa. Abre los ojos, porque estoy aquí para mirarte. Quizá porque necesito beber del manantial de tu aliento, calmar la sed de dentro. Quiero creer en ti, y aun así no sé si... Fe. Quiero sentirte, créeme, quiero sentirte, como un lecho de otoños en primavera. Creer en ti, créeme, necesito hacerlo.

12 mar 2011

Tienes nombre de oasis

Hay quien se ciega, incluso, con el halo de la luna. Levantan la mirada en la noche y sólo ven como gotas de agua, brillantes, suspendidas en un papel de cartón que todo lo cubre, oscuro, un poco más arriba del espacio que habitan y por el que se mueven.
Y a veces, sólo a veces, sale el sol y alarga su sombra. Una más de sus bombillas vitales.
¿Habéis visto el baile de las luciérnagas en la noche?
Sonreí, pero apenas miró. El miedo es libre y siempre es de noche. Una noche de cartón plagada de gotas de agua que brillan.
Y sé... y sé, que la venganza del amor sólo es un mar de sargazos, y la del deseo... La del deseo es el amor. Ese extraño que comparte mi espacio vital. Todo un exceso.
Tienes nombre de oasis.
Yo he visto llorar las estrellas, al levantar la vista para ver. Otro de mis excesos que no puedo evitar. Tienes nombre de oasis.

20 sept 2010

Lejos

Lejos de tanto dejé la nada, y ahora… ahora despliego no sé qué cosas, en forma de velo que ríe y llora, y tapa mi rostro y vela mi tiempo; un tiempo de aguas y sedas, de alas de especias, de aromas, de frutos de bosque, de higos maduros, de yerbabuena.

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