13 may. 2011

Y...SONREÍ.


 

Y...Sonreí.

Esta mañana mientras me preparaba el desayuno noté un cierto revuelo tras de mí, me di la vuelta y...vi  que algo revoloteaba en el espacio de mi salón. Era  un precioso gorrión que muy  asustado estaba revoloteando por la habitación y creo que el miedo le impedía   posarse en ningún lugar.
Para no asustarlo más me mantuve quieto esperando que tomara confianza y se detuviera en algún lugar para ayudarle a que volviera a la cercana libertad.
Abrí las ventanas y todo lo que pude la puerta de la terraza  esperando verlo desaparecer en un rápido vuelo.
Quizá fue la desorientación, el verse en un lugar que no conocía
pero no daba con ninguna salida. Me empezó a preocupar ya que se estaba dando golpe tras golpe contra los cristales.
Tengo un par de sombreros colgados en la pared de mi  salón y los cogí con la esperanza de que en algún momento el gorrión me permitiera poder echarle uno de los sombreros y cogerlo y así evitarle algún otro golpe con los cristales  o contra el televisor.
Me mantuve quieto para evitar su sobresalto y...quizá cansado o quizá fueron los golpes lo que hizo que se detuviera sobre el sofá, en ese momento y con una destreza que me sorprendió enormemente...le lancé el sombrero y lo atrapé.
Con infinito cuidado fui metiendo mi mano bajo el sombrero hasta que pude tenerlo en mi mano. Noté como le latía su cuerpecito muy agitado, estaba muy asustado asi que con él en la mano salí a la terraza, le di un beso en el pico y...abrí la mano.
Un aleteo rapidísimo lo alejó volando hacia el cielo azul.
No sé muy bien porqué pero...me sentí como si hubiera hecho algo realmente importante y me sentí feliz. Miré hacia donde había desaparecido el pequeño y asustado gorrión y...sonreí


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