16 abr. 2011

FLEMA DECORADA



Flema decorada
                               No sé todavía lo que sucedió. Perdone el desorden; no pienso con claridad. ¡Estoy demasiado nerviosa! Muchas gracias por venir tan pronto, tengo algo que contarle y no puede esperar. Todavía estoy aturdida. Respiraré hondo y comenzaré de nuevo.  ¡Oh, pero si es la hora del té! ¡Pase, por favor, aquí en mi cocina estaremos bien! He recogido todo lo que se rompió. ¿Me acepta un té? Estupendo, nos confortará a ambos. Colocaré la tetera al fuego. Tengo un don especial para prepararlo, lástima que su visita sea improvisada, hubiera preparado unas pastas caseras ¡Pruebe mi tarta, es la envidia de las vecinas, una de mis mejores recetas! Después se daré  por escrito, si lo desea, para su señora.
Pregunta usted por qué le he llamado. Es difícil para mí ordenar ideas. Que conste: tengo claro que una madre debería sentirse orgullosa de cualquiera de sus hijos. ¡Pero hay excepciones! Es la realidad.  Los míos son diferentes, cada uno de ellos es la parte de una unidad, que tal vez se pudiera ver como yo misma. O no. En fin, vamos allá.
Ayer, era un día especial, lo marcaba el calendario religioso anglicano. Siempre he sido amiga de seguir las costumbres, mi madre lo hacía, e incluso mi abuela antes que ella; me dispuse a cocinar desde primera hora de la mañana. Soy mujer de asistir al oficio diario, pero esa mañana, precisamente dejé tal quehacer celestial, porque sepa que al ser devota cotidiana, creo contar con cierto margen religioso para cometer algún “pecadillo” alguna que otra vez. Así me criaron, sabe, al igual que a usted, porque la gente ordenada y cabal como nosotros suele tener el mismo ritmo de cuna. Bien, pues me levanté con el primer cantar del gallo, ése rollizo que ve ahí fuera, entre las gallinas. Es un animal orgulloso y ayer se libró del puchero, pero si usted acepta venir a cenar mañana, con su señora esposa, tan linda ella, le daré matarile con muchísimo gusto. Asado, supongo. Su señora parece preocuparse por la forma de cocinar, lo digo por lo delgada y elegante que se presenta siempre en  nuestras reuniones. Lo cocinaré al horno en menos de lo que cantó ese día.
¡Pues, ya ve mi cocina! Es la mejor habitación de mi casa. No es muy grande, pero está muy bien aprovechada. Todo a medida, cada esquina, cada rincón. La decoré yo misma con colores favorables para estimular el apetito. Algo que dicen sobre las papilas gustativas y los jugos gástricos. Lo he leído en una de ésas revistas de moda y decoración, como la Actually Home. ¿La compra también su señora? Un “estilo y elegancia” propios, eso es lo que buscaba. No crea usted que fue fácil. Muchas sugerían los tonos verdosos, pero en esta vida elegir bien y a tiempo es una virtud que no se debe descuidar. ¡Imagínese como hubiera resultado si me confundiera! La moda actual, con rojos y blancos es perfecta. La tela la compré por metro y lo he confeccionado todo yo misma, con la Singer que heredé de mi difunta madre. Le he metido pespunte a los visillos y bordados bonitos en el mantel de hilo; mire, si se le da la vuelta, no adivinará usted si es el derecho o el revés. Con todo el sacrificio en cada puntada. Ése es el signo de la buena bordadora. ¡Queda preciosa mi cocina con su bolsa de pan, trapos a juego, manoplas guateadas y un precioso delantal! Rastreé el mercadillo para escoger los motivos decorativos: frutas rojas, cerezas, manzanas, fresas. Una es una perfeccionista. El delantal está hecho a medida. Lo plancho y lo almidono con frecuencia. Su puntilla necesita mucho mimo. ¡Ah, mírelo, está manchado de sangre! Todo ha quedado perdido. Más rojo de lo necesario. Tardaré mucho en dejarlo como antes. ¡Qué ganas de llorar, es una pena tan grande lo que ha sucedido…!
Usted ya conoce como somos las madres. Siempre preocupándonos por los demás, descuidando nuestra vida, porque “ellos, son nuestra vida”
Tras ponerme el delantal, comencé a sacar todos los ingredientes de la nevera y de la despensa. Todo fresco, condición imprescindible para cocinar. Porque alimentarse  es mucho más importante de lo que la gente cree. Es un material que se incorpora a tu propio cuerpo, y si no permites que te violen, te unten con gasolina o te rocíen los ojos con lejía, ¡cómo vas a comer cualquier cosa! Ya lo dicen en la televisión:
 “Procúrese buenos productos alimenticios, son los ideales; aquellos que susciten dudas deben ser rechazados y alejados de los anteriores. Repase atentamente los estantes de su nevera o despensa… y ¡rechácelos sin miramientos!
Si, tiene razón. No puedo perderme tanto en detalles, tiene usted más cosas de las que ocuparse.
Llegó primero John, mi hijo mayor. Un niño maravilloso. El mejor hijo que una madre puede desear. Cumplidor, jamás me ha dado un problema. Ya de pequeñito era adorable, siempre con sus ojitos mirándome para pedir algo con  sonrisa plácida. En el colegio era apreciado por los demás, yo notaba la envidia de las madres de los otros niños, los que salían sucios, manchados, llenos de rotos en los pantalones, peleados y despeinados. Sin embargo, mi Johny siempre tan cuidadoso, tan formal, con todos sus libros y deberes al día. Llamaba la atención su impecable caligrafía. Su mente tiene las cosas claras. Con su habitación tan limpia y ordenada como yo mantengo mi cocina. Me abrazaba con verdadera inocencia pintada en su carita. Un niño ejemplar, se lo digo yo. Pero claro, la envidia es muy mala y a veces, me lo pegaban, los muy bárbaros. Volvía a casa llorando, porque es un sentimental, demasiado parecido a mí, y yo, para consolarlo le hacía una tarta de ésas de chocolate, sabe, se chupaba los dedos y se reía tan feliz. Se olvidaba del incidente. No guardaba rencor a nadie. Demasiado bueno. Ya le digo, un cielo.
 ¡Oh, ya está sonando la tetera! Quiero que esté al punto. Vuelvo en un minuto, voy a buscar otro cuchillo.
¿Le gusta mi azucarero? ¡Fíjese, también tiene flores blancas sobre fondo rojo! Fue un regalo de John, cuando viajó por negocios a Europa. Viaja con frecuencia, por su trabajo. Medio mundo, ha recorrido. Es un trabajador excelente, la empresa lo sabe, por eso acuden a él. Siempre me trae algo, es muy atento. No olvida querer a su pobre madre. ¡Ay, que desgracia más grande ha sucedido! Quién lo hubiera dicho. ¡Mi pobre hijo!
¡Sigo, sí! No se preocupe… Verá, más tarde, mucho más, llegó Mike, otro hijo que tengo. Mike nació distinto, desde el principio. Fue un descuido por mi parte, porque ya sabe que las mujeres podemos controlar un poco lo que nos sucede ahí abajo, claro que con mi marido no pude replicar demasiado. Era él quien mandaba, sin escuchar mi voz al no ser al terminar la faena, cuando estaba ya satisfecho y agotado. Él fue el culpable de que se engendrara, llegando a nacer. No pude oponerme. Esto se lo confieso a usted, sabiendo que no saldrá de nosotros.
 ¿Quiere más té? ¿Otro trozo de tarta? No sienta apuro, hombre. Esto es confidencial.
Pues como le iba diciendo, este segundo hijo nació atravesado en todos los sentidos, mal embarazo, mal parto, mala crianza.  Lloraba por todo lo que no debía llorar y callaba por todo lo que debía gritar. Un horror en el colegio, me avergonzaba ir a buscarlo, siempre lleno de golpes, sucio, sin hallar consuelo en mis postres. Los profesores acababan dejándolo arrinconado, olvidado en clase. Un estudiante inútil. Un hijo inútil. ¡Qué diferente a su hermano! Éste jamás me dio un abrazo. Yo tampoco, pero es que no me salía antes; ahora menos. Hoy es el día en que no tengo ningún regalo suyo. No sabe quererme. Le intenté enderezar, poniéndole de ejemplo a su hermano. Castigándolo con mi indiferencia. Le azoté igual que lo haría un hombre. Siguió en sus desviaciones. Creo que nunca supo ni quiso mejorarse a sí mismo. Parece moldeado a partir de algo oscuro, por las manos del diablo. Luego, imagínese, se metió en líos, cada uno peor y más hondo que el anterior, hasta que no pudo salir de ellos. Jamás ha elegido bien. Su vida ha sido un fracaso. Lo despidieron de los trabajos. Vagabundeaba y se emborrachaba. Robó en el último. Intentó hacer negocios con mala gente y lo patearon por todos los lados. Ahora es un vago embrutecido que espera vivir a nuestra costa, de su hermano y mía. ¡Mire que le hemos dado oportunidades! Todas fallidas. Coge el dinero y lo gasta en mujeres, juegos inconvenientes y juergas peores; como si no sintiera el sudor de su sacrificado hermano pegado a los billetes. Su mente es un caos.
¡Desagradecido! Pretende ser parásito de mi John. No lo permitiré.
Tome más tarta, me ha sobrado mucha y temo que se me estropee. ¿No la quiere? Se la envolveré entonces. ¡Sería un crimen tirar algo tan delicioso!
Como era de esperar, llegó tarde a comer. Su hermano y yo ya comenzáramos a contarnos nuestras cosas, riéndonos por lo contentos que estábamos de estar juntos. Un nuevo ascenso laboral para John, y  clases nuevas de manualidades del Club Social de Mujeres, para mí. Brillaba el sol entre los visillos, iluminando la mesa que yo colocara con todo esmero. ¡Me encanta que venga mi hijo John a comer! Todo es mejor, más reluciente, más real, y a la vez, mágico. Llevaba toda la mañana cantando mientras cocinaba. Tenía la mesa más bonita que se pueda imaginar; copas transparentes, cubertería brillante, servilletas bordadas a juego con la mantelería. Flores blancas y rojas adornando como centro de mesa. Digna de salir en la televisión, oiga. Todo por mi Johny.
Entró Mike en mi cocina. Fue como si alguien pintara de gris los cristales de las ventanas. Se nubló dentro. Se oscureció fuera. Perdió la brillantez, el encanto, solamente con su presencia. Ganó en sordidez e injusticia. Posee algo maligno, algo insidioso y oculto. Rompe mi tranquilidad ; el orden de esta santa casa. No parece hijo mío. Tal vez no lo es y me lo cambiaron al nacer. No me disgustaría saberme ajena. A veces olvido que ha compartido mis entrañas. ¡Ya no sé lo que digo! Siento vergüenza por si me ve como mala madre, cosa que no es cierto. He luchado por los dos, pero está claro que una tiene que proteger al más valioso, o por lo menos no permitir que haya distancias o daños entre ellos. Al menos, cuando son niños. Los adultos son distintos. Se lo tienen que ganar, como todo en esta vida. Recuerde lo de los alimentos. ¡Ay! No se debe pensar en voz alta estas cosas. Debería callar.
Menos mal que usted tiene que guardarme el secreto, ¿o no? Naturalmente que sí. Es su obligación.
Todo comenzó bien, relativamente. John comía con apetito, alabándome el asado que tan magníficamente le cociné, es su plato favorito. Nada de sofisticaciones ñoñas; es muy sencillo: partiendo de una temperatura en el horno de… ¡Vale, vale, qué tonta soy! Le pido disculpas. Continúo: Mike no hacía más que darle vueltas a la comida, con más ganas de mover la boca para hablar que para ingerir mis maravillosos platos. Al final, estalló, igual que hacen los granos llenos de venenoso pus. Los inservibles de la sociedad, rapiñeros de esfuerzos ajenos son impredecibles. Comenzó por gritar que quería dinero, mucho más dinero, que estaba en un lío, que lo amenazaran de muerte, que quería la mitad de su herencia, que su hermano tenía todo y él nada, que éramos nosotros los culpables de su desgracia, que la sociedad le rechazaba, que su propia familia le daba la espalda, que la última fianza no la pago nadie y tuvo que chupar calabozo por culpa nuestra. Me tachó de chalada egoísta y a su hermano le llamó algo muy feo relacionado con escapar de las muchachas.
John y yo fingimos no prestarle atención, esperando que su acceso de furia se calmara. Nos miramos y continuamos charlando y riendo como si él no estuviera presente. Eso le enfureció más.
Cogió el cuchillo que antes usara yo para trinchar la carne. ¡Se había vuelto loco! ¿Cree usted que estaba con el “síndrome nosequé”? Me asusté muchísimo y comencé a gritar al ver como se acercaba a su hermano. Tenía la mirada de los locos asesinos. Ojos inyectados en sangre. Me aterrorizó verlo dirigirse a mi John. El filo del cuchillo era reciente, lo afilara yo hacía unos minutos. Brilló bajo el reflejo del sol.
Apenas recuerdo nada más. Bueno, miento. Quisiera no recordarlo. Mi hijo se tapó la cara con las manos y los brazos; ése salvaje no paraba de proferirle insultos a la vez que lo hería una, otra vez, otra… ¡no paraba! No lo pensé: le arrebaté el cuchillo, no comprendo cómo, pero lo hice. Lo vi todo rojo. Mi pobre John salió corriendo mientras yo tomaba cartas en el asunto. Nadie va a arrebatarme lo más preciado que tengo. Soy su madre, sí, pero no consiento que un mal hijo destruya a uno bueno. Tan bondadoso mi Johny, quedó por un momento quieto, mirándonos y llorando. Ni siquiera tuvo fuerzas para desenclavar el cuchillo. Se horrorizó con las manchas en mi delantal, porque no quiso abrazarme. Debió de impactarse mucho, tal vez porque Mike quedó con los ojos abiertos, mirando sin ver.
Parí un ángel y un demonio. Usted estará de acuerdo. Igual que Caín y Abel. Ya estaba escrito.
¡Hice justicia como madre!
¿Qué “dónde está el cuchillo”…? Pues ahí mismo, tras la puerta del saloncito. Continúa clavado en su estómago. Lo arrastré por las piernas, no quería mancharme más. Ya me había ensuciado bastante la cocina, ¡qué dirían las vecinas si ven semejante caos desde la ventana! Desde luego, pienso alegar que no recuerdo nada y que de hacerlo, fue en defensa propia.
¡Bueno, esto es todo, muchas gracias por venir! Tenga en cuenta que este té con mi exquisito dulce, queda enmarcado en el secreto de confesión, reverendo. Necesitará tiempo para imponerme penitencia y absolverme de mi pecado.
 Le acompaño a la puerta.
No se preocupe demasiado, reverendo padre. ¡Que sea dios quién me juzgue! Compraré loza nueva; ya la veo, magníficamente blanca con algún toque rojo. Me las apañaré con las manchas. Fue una suerte elegir los colores, así algún posible resto pasará desapercibido. Al final, todo ha salido bien, tal vez un poco a destiempo, pero bien ¿no está de acuerdo conmigo? Dé recuerdos a su señora, espero verla pronto… ¡Le encantará mi maravillosa cocina!
                                   ******************************************                   

1 Comentarios:

Magica Hilda dijo...

Es buenísimo. Con ese toque de humor macabro, me encanta. He disfrutado mucho con este relato.

Publicar un comentario

OBRAS RECIENTES

Blogger TemplatesRecent Posts Widget for Blogger
Planeta de Escritores 2010

Planeta de Escritores 2010