20 ago. 2010

Un folio de Nada

Sara divagó observando al inmaculado folio blanco.


¿Cómo podía explicar la manera en la que se sentía?, ¿era posible que la complejidad amarga de los sentimientos que yacían en su interior fuera exteriorizada por mediación de palabras?

Sara suspiró; se sentía cansada. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar; le escocían, y su piel pálida cual copo de nieve había perdido aquella tonalidad, tornándose color amarillo enfermo.

Con aire pensativo colocó el cigarrillo que sostenía en sus ahora huesudos dedos sobre sus secos labios; inhaló el humo de su Marlboro con un deleite casi imposible. Le encantaba apreciar cómo la nicotina contaminaba sus pulmones; el dulce néctar del veneno malogrando su cuerpo.

Cansada, dejó su vicio de lado, en el cenicero. Durante unos instantes mantuvo la mirada fija en el hilo de humo que emanaba el cigarro; le resultaba hipnotizante apreciar la manera en la que huía por una ventana abierta.

Sara volvió a observar su folio, ahora manchado con la evidencia de lo que fumaba.

Frustrada, se levantó brúscamente de la silla del escritorio, tomó el folio y lo estrujó. Instantes después, lo dejó caer sobre la mesa, y, con un gesto indescifrable trató de eliminar las arrugas de la hoja.

Cogió un bolígrafo Bic sin tapa y escribió sobre el papel:

Me siento como una mierda, me mato.

1 Comentarios:

Lola dijo...

Triste ufffffffffff

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